sábado, 25 de julio de 2026

Versos que bajan del Urbión AL DUERO

         Versos que bajan del Urbión  

AL DUERO


 Corre que corre su agua,

desde el Urbión va bajando;

va su secreto contando

entre piedras y entre pinos.

Va abriendo nuevos caminos

con un susurro que canta:

al hielo mudo le aguanta,

¡y llegar quiere al destino!

 

Busca un momento de calma,

en el pantano es muy manso;

allí se ofrece un descanso

a su fatiga de río.

Recobra fuerzas con brío

entre la niebla espesa

y el frío —que no le pesa—,

que le da besos de rocío.

 

Zigzaguea y va corriendo

por esos campos de Soria;

el Urbión se vanagloria

de ser cumbre de esa sierra,

 

y, desde la Laguna Negra,

baja el agua, pensativa,

descendiendo a la deriva

abriendo cauce en la tierra.

 

En su ribera, la escarcha,

blancas flores en su orilla,

que el sol, marchita si brilla

y dando luz a su marcha.

Cogiendo agua se agiganta,

se siente al fin muy crecido;

por su cauce, agradecido,

a sus tierras amamanta.

 

Sigue el Duero su camino

regando campos y amores;

con sus labios de colores,

y con sus remansos de paz.

Es muy digno de admirar

a este incansable viajero;

y va susurrando desde luego

desde el Urbión hasta el mar.


 

09/03/2026

                           JUAN GARCÍA INES


VEINTICINCO ANIVERSARIO

VEINTICINCO ANIVERSARIO


                  Hace ya muchos años

veinticinco y algunos más

conocí a una mocita

que me llego a enamorar.

 

Hoy quisiera decirte

y no tengo otra verdad

mi corazón al tuyo unido

vivo la felicidad.

 

Hay mi niña de mi alma

yo quisiera recordar

los momentos más felices

                 y olvidar todo lo demas.


JUAN GARCÍA INES 


una ficción irrisoria

 

  una ficción irrisoria

 Los delirios de mi mente,

no obedecen a la razón;

y van, sin mala intención,

porque me salen del alma.

La utopía no me alarma;

y el soñar no hace daño,

sonara un poco extraño,

esta mística obsesión:

mis sueños, ficciones son,

y estos versos enmaraño.

 

Al cruzar por un arroyo,

donde el agua burbujeaba,

algo en mí se despertaba,

y palabras dulces sentía.

Me acerque vi ¡y no creía!:

lavanderas con sus losas;

eran jóvenes, hermosas,

y mi voz les preguntaba;

con curiosidad las miraba:

y sus mejillas eran rosas.

 

Continué así preguntando,

pero hallé su voz callada.

Si el hablar no cuesta nada,

¿por qué seguían lavando?

 

Yo les seguía explicando,

pero el aire se hizo tenso;

para nada había consenso,

y, bajo un mirar cortante,

no aguanté ni un instante:

¡fue mi derrota, confieso!

 

—No te vayas, buen mozuelo—

y atrás volví la mirada.

¡Qué sorpresa inesperada!

—Quédate con nosotras—

Yo exclamé: "¡ostras!", turbado,

Por ese cambio deseado;

ya con alegría las veía,

ahora mi suerte sonreía

por ese revés inesperado.

 

Pregunté luego a la pluma:

-¿Por qué a la ficción das vida?-

—Porque en tu mano atrevida

verseo un pasatiempo—.

Yo también así lo siento:

son ecos de mi memoria

que, apoyada en la ilusoria,

dan fuerza a esta creación;

y a lomos de una ficción

se vuelva alegre e irrisoria


 

12/03/2026

                                                                                       JUAN GARCÍA INES

UN Sueño en la Espesura

 

    UN Sueño en la Espesura


 Caminaba por la selva

con cuidado en cada paso;

miraba al suelo, por si acaso,

por peligros inconcretos.

La selva guarda secretos

que no puedo controlar...

Y de tanto vigilar,

nunca llegué a mi destino:

—se me perdió el camino—,

ya no podía ni andar.

 

De pronto, aparece un león

con su melena y rugiendo.

¿Qué me estará diciendo?

Pero atacarme no quiso.

Yo le vi muy indeciso:

al gran rey de la espesura,

que mi muerte no procura.

Yo solo quería esconderme,

de su mirada perderme

y que acabe la aventura.

 

El león se fue alejando

y mirar... miraba al cielo.

Los pies no tocaban suelo;

vi un águila sobrevolando.

Con sus garras atacando,

 

quise la voz levantar

pero no pude gritar;

y, sintiendo un escalofrío,

era el segundo desafío

en aquel mismo lugar.

 

Sin poder dar ni un paso,

hay gorilas a mi lado;

un roedor, allí colgado,

juguetón hacía el payaso.

Y yo, sumido en el fracaso,

pensando qué debo hacer

si el miedo vuelve a crecer...

Pero mi mente no me guía,

el cuerpo no respondía

ni la fiera me fue a comer.

 

Entre suspiros y miedo,

en una selva desconocida,

de verdes ramas vestida,

y de matorrales muy altos.

No cesaban los sobresaltos;

y con el pulso acelerado,

de sudor frío impregnado,

la luz del alba asomaba...

A mi mente la despertaba

de este, mi sueño agitado.


           15/03/2026

                                                    JUAN GARCÍA INES

Predicar con el ejemplo

 

 

Predicar con el ejemplo

 

Predicar con el ejemplo

debería ser lo habitual;

actuar con coherencia

en política no es usual.

 

Si tu palabra es engaño,

no exijas a los demás;

sí faltas a la decencia,

no tendrás respeto jamás.

 

Tenemos un dichoso dicho

y no comparto ni halago:

«Haz siempre lo que yo diga

y nunca lo que yo hago».

 

La verdad sea la guía,

la lengua por ello clama;

el ejemplo sea patrón

en esta vida cotidiana.

 

En el sendero de la vida,

hay solo una luz que brilla:

la verdad como ejemplo,

la enseñanza más sencilla.

 

No basta la palabra hueca,

esa que sin raíz vuela,

que deforma la realidad

con alguna triquiñuela.

 

Camina con integridad,

con palabras sin temor,

a tus hechos vaya unida

y no infundan resquemor.

 

En cada paso de la vida,

la coherencia sea templo;

apartando la mentira,

otra cosa no contemplo.

 

Predicar con el ejemplo

debe ser arte sagrado;

es hacer lo que se habla,

y esto es de ser honrado.

 

La coherencia se defiende,

sin aplausos ni condición,

si lo que hablas ejecutas

dar ejemplo: la mejor lección.

            04/01/2026

                       JUAN GARCÍA INES

Muerte por ambición

 

                   Muerte por ambición


Si el que declara la guerra

fuera el primero en la fila,

con la muerte en la pupila

y el lodo sobre la cara...

¡pues otra decisión tomara!

Pero viven protegidos

y jamás serán heridos;

ellos, con su «mando y ordeno»,

solo ven el dolor ajeno

en los soldados caídos.

 

—¡No a la guerra! —clamo al cielo—.

Si la quieren, ¡luchen ellos!

Los de los blancos cuellos,

y que se embarre su traje;

paguen y sufran ese peaje.

Así cambiarían de opinión

al sentir esa emoción;

«¡No a la guerra!», gritarían,

pues morir no desearían

esos «guerreros de salón».

 

No, y mil veces digo: ¡no!

Que no te arrastren a la muerte

los lobbies de la clase dirigente

con sus intereses ocultos.

¿Qué importan los difuntos?

Esos individuos miserables,

con fines inconfesables,

en esta vejada y sufrida tierra

lanzan declaraciones de guerra

con argumentos inexplicables.

 

Digo y digo: ¡basta ya!,

y fuerte gritaré un aleluya:

¡que esta masacre concluya

para bien de la humanidad!

Que nunca muera la verdad;

y el que la guerra quiera...

que algún balazo sintiera.

Pero digo: eso no ocurrirá,

pues al frente nunca irá.

¡Y quien ordena, vaya y muera!


 


13/03/2026

                                    JUAN GARCÍA INES

los Gorriones y los Murciélagos

 

los Gorriones y los Murciélagos

¡Imagínate un precioso pueblo lleno de fuentes, arroyos y un gran riachuelo! Era un lugar hermoso, pero tenía un pequeño y ruidoso problema: ¡estaba lleno de mosquitos! En las tardes de verano, el zumbido era insoportable y los habitantes tenían que ir a todos lados espantándolos con ramas llenas de hojas. ¡Menuda locura!

Pero, ¡atención!, porque donde hay muchos mosquitos... ¡aparecen los cazadores del aire! Pronto, el pueblo se llenó de golondrinas, vencejos, simpáticos gorriones y misteriosos murciélagos. Para ellos, las casas del pueblo —hechas de adobe, paja y tejas— eran el parque de atracciones perfecto para anidar.

Las golondrinas y los vencejos encontraron sus lugares donde anidar rápidamente, pero... ¡ay, los gorriones y los murciélagos! Ellos querían los mismos agujeros en las viejas paredes de adobe. A los gorriones les daba igual que hubiera luz o sombra, pero los murciélagos necesitaban oscuridad absoluta. ¡Y ahí empezaron los roces!

Los murciélagos les enseñaban los dientes a los gorriones, y los gorriones, muy valientes, ¡les hacían frente aleteando!

Aquella convivencia era un auténtico caos.

Al amanecer: Los gorriones se despertaban felices con los primeros rayos de sol, piando con fuerza y aleteando entusiasmados. ¡Pobres murciélagos! Tenían que taparse las orejas con las alas, de muy mal humor por no poder dormir.

Al anochecer: ¡La historia se repetía al revés! Los murciélagos salían a cazar con sus chillidos ultrasónicos justo cuando los gorriones intentaban dormir con sus polluelos. ¡Nadie podía descansar!

Hartos del jaleo, los murciélagos dijeron: "¡Nos marchamos!", y se mudaron a una vieja bodega subterránea. Pensaban que allí estarían tranquilos, pero... ¡qué equivocados estaban! Resulta que al dueño de la bodega le encantaba ir a merendar por las noches. Encendía un candil de petróleo que llenaba todo de humo, y entre el olor a vino, el humo y las juergas que se montaban allí, los pobres murciélagos no ganaban para disgustos. ¡Tuvieron que regresar a las paredes del pueblo con las alas caídas!

Los vecinos del pueblo sabían que ambos animales eran unos superhéroes que los salvaban de las plagas de mosquitos, así que decidieron que debían ayudarlos a hacer las paces. Pero, ¿cómo?

¡Un abuelo sabio tuvo la solución!

—¡Traigan tablas, un serrucho y clavos! — exclamó —¡Vamos a construir casas para todos!

Para los gorriones: Colgaron preciosas cajitas de madera en las ramas de los árboles.

Para los murciélagos: Prepararon cajas especiales en un granero muy oscuro.

¡El plan fue un éxito! Los gorriones, que estaban un poco cabreados de tanta disputa, se mudaron encantados a sus nuevas y cómodas casitas de madera. Y los murciélagos, al ver los huecos libres y silenciosos que quedaban en las paredes de adobe, decidieron quedarse en las oquedades originales. ¡Por fin reinaba la tranquilidad!

Desde ese día, el gorrión y el murciélago ya no tuvieron necesidad de pelear ni de enseñarse los dientes.

De hecho, cada tarde en el crepúsculo, cuando sus caminos se cruzaban en el aire —uno regresando cansado a dormir y el otro saliendo con energía a cazar— se daban un amigable saludo con las alas.

Y abajo, en las calles, los habitantes sonreían al verlos volar, sabiendo que gracias a su ayuda y trabajo en equipo... ¡por fin todos podían descansar en paz!

 

 

Moraleja: No hace falta que seamos iguales ni que compartamos el mismo espacio para ser buenos amigos.

 

10/06/2026

                        JUAN GARCÍA INES

Lo invisible

 

Lo invisible

 Susurro en la noche,

molestia sin calma,

tejiendo zumbidos,

torturando el alma.

 

Es algo invisible,

es un azote al vivir,

y la dicha no puede

de alegría vestir.

 

Es un eco interior

resonando en la mente;

llora la dolencia

que de ella es fuente.

 

Es algo inmaterial,

pero puede existir;

látigo impasible

que puedes sentir.

 

Es sombra sin sol,

fantasma interior,

inquietud en el alma

revistiendo temor.

 

Llanto profundo,

manifiesto apenado,

sin tregua que cure

sufrimiento llorado.

 

Las lágrimas caen

cual lluvia de estrellas,

dejando en el pecho

las marchitas huellas.

 

El dolor es la carga,

la realidad es cruda;

malestar al vivir,

de eso no hay duda.

 

Es algo interior,

en la mente resuena;

fuente que brota

de llanto y de pena.

 

Es caudal interior,

inunda la mente;

desborda su cauce

tamaña corriente.

 

11/01/2026

                                             JUAN GARCÍA INES

 

 

 

 

Las niñas, el abejorro y las mariposas

 

Las niñas, el abejorro y las mariposas

Eran dos niñas que, al salir del colegio, adoraban alejarse del pueblo para adentrarse en la naturaleza y observar todo lo que sucedía a su alrededor.

Era el mes de mayo, esa época donde todas las plantas miran al cielo y alargan sus tallos para intentar tocar al sol, de quien reciben luz y calor. Pero también estiran sus brazos hacia la luna llena, de la cual reciben luz por la noche. Aquellas niñas observaban asombradas cómo los ajos asomaban de la tierra en busca del firmamento, aunque sus raíces, presas en el suelo, no los dejaban escapar.

Mientras caminaban entre hierbas y flores, veían a los insectos posarse aquí y allá. Entre ellos destacaba un abejorro, el más grande de todos, cuyo ronroneo constante desorientaba a las mariposas mientras él iba de flor en flor recolectando su dulzura.

Las mariposas —elegantes y silenciosas— se dirigieron a él hablándole muy bajito, pero el abejorro no las oía y seguía con su zumbido.

Las flores vibraban tanto que ellas no podían posarse. Entonces, la mariposa más vieja se le acercó y le increpó:

—¡Oye, tú, velludo! ¿Puedes dejar de hacer ruido por un momento? Esas vibraciones parecen un terremoto.

A lo que el abejorro contestó:

—¡Anda ya! Vosotras, con esa espiritrompa, estáis feísimas; parece el ganchillo con el que esas niñas hacen sus labores. Además, vosotras no polinizáis las flores.

—¡Mentira! —dijo la mariposa muy enfadada—. Nosotras también polinizamos.

—Pero no tanto como nosotros —sentenció el abejorro.

Las niñas escuchaban aquella conversación "subida de tono" y se acercaron a unas cañas que el hortelano había puesto para los tomates y las judías. Allí, las hembras de abejorro suelen poner sus huevos. Al verlas llegar, el abejorro las amenazó con morderlas si no se alejaban; las niñas, asustadas, obedecieron.

El insecto solo tenía miedo de que destruyeran su nido y por eso se puso agresivo, retomando luego su ruidoso ronroneo.

En ese momento, las elegantes mariposas se acercaron curiosas al nido. De pronto, la hembra salió de la caña con tal violencia que le rompió un trozo de ala a una de las mariposas. Esta comenzó a llorar desconsolada:

—¡Ya no puedo volar ni alimentarme! ¿Qué será de mí?

Sus compañeras la rodearon para darle ánimos. El abejorro, que lo había observado todo, se ablandó y se acercó a la herida:

—Aunque me veas muy bruto, quiero ayudarte —le dijo.

—¡¿Cómo?! —exclamó la mariposa.

—Mira, pósate en mi espalda.

—¡Pero si no puedo subir!

 Entonces entró en acción la hembra del abejorro. Que, con sus pinzas y mucha delicadeza, colocó a la mariposa sobre la espalda del macho,

 quien voló con ella para que pudiera posarse en las flores. Una abeja que pasaba por allí, al ver el tierno detalle de su primo el abejorro, la dijo:

—Aunque no fabriques miel, eres muy importante para la naturaleza.

Para las niñas, aquello no fue solo un paseo, sino una gran lección de vida sobre el equilibrio y la solidaridad en el ecosistema.

MORALEJA: "NADIE ES TAN RUDO QUE NO PUEDA SER COMPASIVO, NI TAN ELEGANTE QUE NO NECESITE AYUDA.

11/05/2026                       JUAN GARCÍA INES