Muerte por ambición
Si el que declara la guerra
fuera el primero en la fila,
con la muerte en la pupila
y el lodo sobre la cara...
¡pues otra decisión tomara!
Pero viven protegidos
y jamás serán heridos;
ellos, con su «mando y ordeno»,
solo ven el dolor ajeno
en los soldados caídos.
—¡No a la guerra! —clamo al cielo—.
Si la quieren, ¡luchen ellos!
Los de los blancos cuellos,
y que se embarre su traje;
paguen y sufran ese peaje.
Así cambiarían de opinión
al sentir esa emoción;
«¡No a la guerra!», gritarían,
pues morir no desearían
esos «guerreros de salón».
No, y mil veces digo: ¡no!
Que no te arrastren a la muerte
los lobbies de la clase dirigente
con sus intereses ocultos.
¿Qué importan los difuntos?
Esos individuos miserables,
con fines inconfesables,
en esta vejada y sufrida tierra
lanzan declaraciones de guerra
con argumentos inexplicables.
Digo y digo: ¡basta ya!,
y fuerte gritaré un aleluya:
¡que esta masacre concluya
para bien de la humanidad!
Que nunca muera la verdad;
y el que la guerra quiera...
que algún balazo sintiera.
Pero digo: eso no ocurrirá,
pues al frente nunca irá.
13/03/2026
JUAN GARCÍA
INES
No hay comentarios:
Publicar un comentario