una ficción irrisoria
no obedecen a la razón;
y van, sin mala intención,
porque me salen del alma.
La utopía no me alarma;
y el soñar no hace daño,
sonara un poco extraño,
esta mística obsesión:
mis sueños, ficciones son,
y estos versos enmaraño.
Al cruzar por un arroyo,
donde el agua burbujeaba,
algo en mí se despertaba,
y palabras dulces sentía.
Me acerque vi… ¡y no creía!:
lavanderas con sus losas;
eran jóvenes, hermosas,
y mi voz les preguntaba;
con curiosidad las miraba:
y sus mejillas eran rosas.
Continué así preguntando,
pero hallé su voz callada.
Si el hablar no cuesta nada,
¿por qué seguían lavando?
Yo les seguía explicando,
pero el aire se hizo tenso;
para nada había consenso,
y, bajo un mirar cortante,
no aguanté ni un instante:
¡fue mi derrota, confieso!
—No te vayas, buen mozuelo—
y atrás volví la mirada.
¡Qué sorpresa inesperada!
—Quédate con nosotras—
Yo exclamé: "¡ostras!",
turbado,
Por ese cambio deseado;
ya con alegría las veía,
ahora mi suerte sonreía
por ese revés inesperado.
Pregunté luego a la pluma:
-¿Por qué a la ficción das vida?-
—Porque en tu mano atrevida
verseo un pasatiempo—.
Yo también así lo siento:
son ecos de mi memoria
que, apoyada en la ilusoria,
dan fuerza a esta creación;
se vuelva alegre e irrisoria
12/03/2026
JUAN GARCÍA INES
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