sábado, 25 de julio de 2026

El Gran Sueño de los Pingüinos

 

 El Gran Sueño de los Pingüinos

Había una vez dos jovencitas que, deseosas de conocer el mundo, se apuntaron a una excursión increíble: ¡querían conocer el Polo Sur!

Allí observaban los glaciares, las ballenas y muchísimos animales marinos, pero lo que más las impresionó fueron... ¡los pingüinos! Al verlas, las aves se asustaron y pensaron que les iban a robar sus huevos. De inmediato, se pusieron erguidos y amenazantes con sus alas ahuecadas.

—¡No tengáis miedo! —dijeron las jóvenes para calmarlos—. No queremos haceros ningún mal, solo queremos conocer vuestras costumbres.

—¡No nos fiamos de los humanos! —respondió un pingüino desconfiado—. Dicen una cosa y luego hacen otra.

—¡Nosotras no somos así! Y para muestra, os traemos estas bolsas llenas de pescados para que comáis.

—¡Qué alegría! —decían los pingüinos—. ¡Nos vamos a dar un buen banquete! Así no tendremos que tirarnos por el acantilado al océano, con el peligro de que las orcas o los leones marinos nos atrapen.

Uno de ellos se acercó más y les dijo:

—Mirad, estos son mis hijos y esta vecina está incubando sus huevos. A veces tenemos peleas por el territorio, ¡pero nunca llega a mayores!

En ese momento, se reunieron a todos los pingüinos para escuchar a las jóvenes. Un pingüino muy, muy viejo tomó la palabra:

—¡Venga! Contadnos algo de vuestra vida.

—Pues mirad —respondieron ellas—, solo nos quedaba descubrir este lugar, ¡que vosotros hacéis tan habitable! Hemos estado en ciudades y en selvas.

—¡La selva! —exclamaron los pingüinos—. Nos gustaría conocer esos sitios ¡Es nuestro sueño!

—Pero... vosotros no podríais vivir allí —advirtieron las chicas—. Hace mucho calor y hay muchos peligros, ¡más que aquí!

—¿Más que aquí? —preguntaron extrañados.

—¡Sí, muchos más! Hay leones, tigres, serpientes y gorilas etc.

Pero los pingüinos insistieron tanto que las jóvenes aceptaron:

—Está bien... veremos qué podemos hacer. Que venga una pareja con nosotras y viajaremos a la selva.

—¡Qué bien! —decían los pingüinos saltando de alegría—. ¡Siempre hemos soñado con descubrir los secretos de la selva! ¡Pongamos manos a la obra!

Viajaron siempre acompañados por las jovencitas. Ellas tenían mucho miedo, pero los pingüinos, como ignoraban los peligros, ¡eran de lo más atrevidos!

Iban por una senda con muchos matorrales cuando, de pronto... ¡apareció un león!

—¡Esconderos! —susurraron las jóvenes—. ¡Si nos ve, nos devora!

Siguieron adelante y vieron una serpiente.

—¡Mirad! ¡Como en el océano! —decían los pingüinos—. Allí también hay algunas como esa.

Mientras caminaban, desde las ramas de los árboles, los gorilas los observaban extrañadísimos:

—¿Qué se creen estos? ¿Que la selva es el Polo Sur? —parecían decir con la mirada mientras veían a esas aves no voladoras cruzar la maleza.

De repente, los pingüinos se detuvieron, jadeando:

—¡Qué calor! ¡No podemos aguantar esto! Soñamos con descubrir la selva, ¡pero aquí no podemos vivir!

—Ya os lo dijimos —respondieron ellas—, pero no nos creísteis.

—¡Queremos volver a nuestro habitad! Soñamos con visitar la selva y ya lo hemos conseguido... ¡pero ahora tenemos mucho miedo!

Pusieron rumbo de vuelta al sitio de donde salieron. Al llegar, el resto de la colonia los recibió con muchísimos graznidos de alegría. Los viajeros les contaron toda su aventura, desde el rugido del león hasta el calor sofocante.

Por fin, el sueño de esos pingüinos se había cumplido... ¡y ahora sabían que no hay nada mejor como el fresquito del hogar!

 

MORALEJA: "No hay mayor tesoro que el lugar al que pertenecemos."

11/05/2026

 JUAN GARCÍA INES

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