El Gran Sueño de los Pingüinos
Había una vez dos
jovencitas que, deseosas de conocer el mundo, se apuntaron a una excursión
increíble: ¡querían conocer el Polo Sur!
Allí observaban
los glaciares, las ballenas y muchísimos animales marinos, pero lo que más las
impresionó fueron... ¡los pingüinos! Al verlas, las aves se asustaron y
pensaron que les iban a robar sus huevos. De inmediato, se pusieron erguidos y
amenazantes con sus alas ahuecadas.
—¡No tengáis
miedo! —dijeron las jóvenes para calmarlos—. No queremos haceros ningún mal,
solo queremos conocer vuestras costumbres.
—¡No nos fiamos
de los humanos! —respondió un pingüino desconfiado—. Dicen una cosa y luego
hacen otra.
—¡Nosotras no
somos así! Y para muestra, os traemos estas bolsas llenas de pescados para que
comáis.
—¡Qué alegría!
—decían los pingüinos—. ¡Nos vamos a dar un buen banquete! Así no tendremos que
tirarnos por el acantilado al océano, con el peligro de que las orcas o los
leones marinos nos atrapen.
Uno de ellos se
acercó más y les dijo:
—Mirad, estos son
mis hijos y esta vecina está incubando sus huevos. A veces tenemos peleas por
el territorio, ¡pero nunca llega a mayores!
En ese momento, se
reunieron a todos los pingüinos para escuchar a las jóvenes. Un pingüino muy,
muy viejo tomó la palabra:
—¡Venga!
Contadnos algo de vuestra vida.
—Pues mirad
—respondieron ellas—, solo nos quedaba descubrir este lugar, ¡que vosotros
hacéis tan habitable! Hemos estado en ciudades y en selvas.
—¡La selva!
—exclamaron los pingüinos—. Nos gustaría conocer esos sitios ¡Es nuestro sueño!
—Pero... vosotros
no podríais vivir allí —advirtieron las chicas—. Hace mucho calor y hay muchos
peligros, ¡más que aquí!
—¿Más que aquí?
—preguntaron extrañados.
—¡Sí, muchos más!
Hay leones, tigres, serpientes y gorilas etc.
Pero los
pingüinos insistieron tanto que las jóvenes aceptaron:
—Está bien...
veremos qué podemos hacer. Que venga una pareja con nosotras y viajaremos a la
selva.
—¡Qué bien!
—decían los pingüinos saltando de alegría—. ¡Siempre hemos soñado con descubrir
los secretos de la selva! ¡Pongamos manos a la obra!
Viajaron siempre
acompañados por las jovencitas. Ellas tenían mucho miedo, pero los pingüinos,
como ignoraban los peligros, ¡eran de lo más atrevidos!
Iban por una
senda con muchos matorrales cuando, de pronto... ¡apareció un león!
—¡Esconderos!
—susurraron las jóvenes—. ¡Si nos ve, nos devora!
Siguieron
adelante y vieron una serpiente.
—¡Mirad! ¡Como en
el océano! —decían los pingüinos—. Allí también hay algunas como esa.
Mientras
caminaban, desde las ramas de los árboles, los gorilas los observaban
extrañadísimos:
—¿Qué se creen
estos? ¿Que la selva es el Polo Sur? —parecían decir con la mirada mientras
veían a esas aves no voladoras cruzar la maleza.
De repente, los
pingüinos se detuvieron, jadeando:
—¡Qué calor! ¡No
podemos aguantar esto! Soñamos con descubrir la selva, ¡pero aquí no podemos
vivir!
—Ya os lo dijimos
—respondieron ellas—, pero no nos creísteis.
—¡Queremos volver
a nuestro habitad! Soñamos con visitar la selva y ya lo hemos conseguido...
¡pero ahora tenemos mucho miedo!
Pusieron rumbo de
vuelta al sitio de donde salieron. Al llegar, el resto de la colonia los
recibió con muchísimos graznidos de alegría. Los viajeros les contaron toda su
aventura, desde el rugido del león hasta el calor sofocante.
Por fin, el sueño
de esos pingüinos se había cumplido... ¡y ahora sabían que no hay nada mejor
como el fresquito del hogar!
MORALEJA: "No hay mayor tesoro que el lugar al
que pertenecemos."
11/05/2026
JUAN GARCÍA INES
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