El Secreto
de un oso pardo
Era
un bosque inmenso, lleno de castaños, robles, encinas y mucho matorral bajo.
Las ramas de algunos árboles se estaban quedando desnudas... ¡Ya estaba
llegando el otoño!
Las
hojas secas se arremolinaban en los ribazos, creando una estampa mágica que se
quedaba grabada en la mente de cualquiera. En aquel lugar habitaban lobos,
zorros, la garduña, y muchos animales más. Pero, entre todos ellos, también
vivía un mozuelo: un muchacho joven que cuidaba de unas cuantas vacas.
El
paisaje, antes verde, iba cambiando de color mientras el invierno se acercaba.
Los ríos aumentaban su caudal y la nieve jalbegaba de blanco las montañas. El
mozuelo, que tenía mucha experiencia en esos terrenos angostos, sabía que en
las cuevas de la zona solían hibernar los osos pardos.
Como
era muy curioso, decidió escudriñar cada rincón. Miró en una cueva, luego en
otra... ¡y nada! No vio a ningún oso durmiendo.
«—¿Qué
raro? —se preguntaba extrañado—. Estarán en otras cuevas.»
De
repente, a lo lejos, divisó una figura enorme.
«—¡Parece
que es un oso! —exclamó—. ¡Un oso en esta época del año! No me lo puedo creer.
¡Y
vaya si lo era! El mozuelo, asustado, se escondió rápido entre unos matorrales,
pero el oso (que tiene un olfato excelente) lo detectó enseguida. Mientras la
fiera se acercaba, el muchacho empezó a temblar de miedo y echó a correr. Pero
entonces, el oso soltó un vozarrón que hizo vibrar hasta los árboles:
—¡No
corras, que no tengo hambre! He llenado mi estómago durante todo el otoño y,
además, te conozco de verte por estas montañas.
El
mozuelo se quedó de piedra. ¡El oso no quería atacarlo, quería conversar! Con
cautela, el chico se acercó y le preguntó:
—Pero...
¿cómo es posible? Estamos en invierno, las montañas están nevadas... ¿Por qué
no estás hibernando?
—Pues
sí, llevas toda la razón del mundo —respondió el oso—. Todos mis compañeros y
compañeras están durmiendo una "siesta" de varios meses.
—¿Y
tú qué haces aquí? ¡Es muy extraño! —insistió el joven.
—Te voy a contar un secreto mozuelo... bueno, mejor no digo nada... ¡ya te lo diré! Mira, no quiero dormir porque quiero descubrir estos parajes en invierno. Nunca los había visto así: la nieve, los árboles sin hojas, los ríos bravos... ¿Y sabes qué? A veces me meto al río y pesco.
El
oso le contaba que, aunque los peces son escurridizos, él los atrapaba con sus
garras y su boca.
—Aunque
no tengo necesidad, ¿eh? No tengo hambre, llené mi "despensa" hace
días —dijo el oso (aunque, para ser sinceros, ¡le estaba mintiendo!).
Siguieron
caminando juntos, sorteando barrancos, hasta que bajaron a la vaguada donde
estaban las vacas. Al ver al oso junto al mozuelo, las vacas se quedaron
patidifusas.
—¿Un
oso en esta época y al lado de nuestro pastor? — parecían decir con la mirada.
Al
principio, las vacas levantaron el rabo y pusieron las orejas en posición de
huida, pero el mozuelo las tranquilizó. Entonces ocurrió algo asombroso: las
vacas se tumbaron, el oso se sentó erguido sobre su trasero y el mozuelo se
acomodó a su lado. Todos los animales del bosque miraban sin poder creerlo.
Finalmente,
el mozuelo le rogó:
—¡Venga,
cuéntanos ya ese secreto! El oso suspiró y confesó:
—Mi
secreto es que... ¡padezco de insomnio!
13/05/2026 JUAN GARCÍA INES
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